22.1.10

Relato

Este pequeño relato fue redactado por una queridiiiiiisima amiga mia y he decidido publicarlo, espero que lo disfruten.
15 segundos
¡Este día no podía ser peor! –dije para mis adentros, mientras esperaba en la parada de autobús un miércoles en la hora pico, con un sudor insoportable que hacía que el sudor corriera por mis sienes hasta llegar a mi mandíbula. Me estaba empapando de sudor cuando se suponía que debería llegar impecable al trabajo de mi madre para luego ir a depositar los documentos de solicitud de beca a la universidad iberoamericana.

Si, así como lo oyen “Unibe”, establecimiento de enseñanza superior donde brilla más el que luzca el mejor atuendo o conduzca el auto más lujoso y no aquel con los mejores datos profesionales. Así como también, la vía por la cual los ricos del país se aseguran que el poder y las riquezas se queden en manos de sus adorables hijitos o que en su defecto se le pegue alguna posición. Pero nada, ¿Qué se puede hacer? Todo para complacer a mi madre. Iré a la universidad del modelaje empapada de sudor. Si, definitivamente, este día no podía ser peor.

Mientras esperaba el divino autobús, y tratando de relajarme y pensar en otra cosa que no fuera el sudor, el semáforo se puso en rojo provocando un ligero en taponamiento; situación que, decidí aprovechar para imaginarme montada en un Mercedes Benz blanco llegando a Praia. Pero mi imaginación no llego tan lejos. Buscando el dichoso Mercedes Benz mis ojos se encontraron con un ser que me dejo estupefacta. Aunque era de tez pálida, no me cabía duda de que se trataba de la escultura de Miguel Ángel encarnada, pero con mayor perfección. Había visto en History Channel, “Los Agapantos de Monet” y “El foliage de Cezanne”, es más, hasta las obras de Van Gogh y de Picasso y nada de esto se comparaba con la perfección de su rostro celestial en donde se encontraban los ojos color café más hermosos, la nariz con la mejor simetría y la boca con un irresistible color cherry. Era el más hermoso hombre que haya visto jamás. Verlo, era sentir la misma sensación de alegría que se sienten al estar en las instalación del “MOMA” o el “Museo del Louvre”, no era más que eso.

Pero desperté al cambiar la luz del semáforo. Habían pasado 15 segundos y yo seguía mirándolo embobada, hasta que volteo en mi dirección. Estaba tan absorta que mis ojos no pudieron girar hacia otro lado para disimular el asombro pero sin embargo, el me miro fijamente, sonrió y se esfumo haciéndome despertar de aquel increíble momento. En ese mismo instante llego el autobús que tanto había esperado, me introduje en él y me dirigí a buscar mi futuro, a sabiendas de que, el ya se había llevado el resto.
Ivanna Raquel Puente

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